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EL COMERCIO
Lunes 25 de marzo de 2005 Por David Hidalgo Vera EL GUERRERO QUE NO MATA El maestro Fuijita, una especie de profeta de las artes marciales, recorre el mundo revelando los secretos de su arte sin más promesas que una simple lección: en caso de pelea, lo mejor es huir. Su expresión shogunesca, propia de los antiguos señores feudales de su tierra, se desvanece en sonrisas esporádicas como para probar que no tiene necesidad de mostrarse demasiado fiero ni demasiado sabio: es solo un guerrero tranquilo. La enciclopedia del Aikido, ese arte de pacifismo con pose de samurai, dice que Fujita “es conocido por su poderosa técnica”. Sus discípulos consideran un honor que él los haga volar por los aires con el desparpajo de un titiritero desquiciado. Y, sin embargo, provoca decir que lo suyo es una manera de desbaratar al adversario con el propósito de no dañarlo. “El Aikido no es una técnica para atacar, sino que usa la fuerza del atacante para derrotarlo”, dice como una lección condensada y de bolsillo de esa filosofía de guerra inofensiva. El “sensei” Fujita, como lo llaman sus seguidores, es un venerable hombre de 68 años que domina varias artes marciales, aunque nunca necesitó ponerlas en practica. “La razón es sencilla: no frecuento lugares problemáticos. Es lo mejor que uno puede hacer”, explica. Sus técnicas no tienen el objetivo de imponerse sobre ningún rival porque sencillamente en el Aikido no hay rivales posibles: las competencias están prohibidas. “otras artes marciales buscan probar quien es el mejor en el combate. Nosotros buscamos elevar nuestro espíritu”, precisa desde esa bata japonesa que en realidad es solo el uniforme marcial. Cunado está sobre el tatami, la colchoneta en la que se hace la practica, Fujita ofrece algo parecido a una danza apacible. Los movimientos son armoniosos y circulares. Ninguno termina en golpe directo. El único choque es el del al caer al suelo. LEGADO PATERNO En su juventud, Fujita aprendió directamente de Morihei Ueshiba, a quien se refieren como “O Sensei” o Maestro. Ueshiba fue el fundador del Aikido, pero el mismo decía: “Yo no he creado el Aikido, el Aikido lo ha creado Dios. Yo solo uno las sendas que el hombre separa”. Ueshiba fue el hombre que resumió los principios de varias artes marciales hasta encontrar su propio camino. De hecho, la palabra Aikido es la unión de tres vocablos que significa algo como “el camino de la armonía”. El arte de combatir sin pelear, de doblegar sin dañar. Ueshiba era experto en lucha cuerpo a cuerpo y también con espadas, un hombre letal que pensaba en la tranquilidad. Sus enseñanzas y escritos retratan a un hombre que conocía la peligrosidad de sus manos “El Aikido no es una técnica para dominar y matar al adversario. Es el camino para unificar a toda la gente en una sola familia, el camino para crear paz en el mundo”, dijo alguna vez según recuerda Fujita, su discípulo, en un articulo publicado años atrás. Fujita nació en Manchuria en 1937, cuando esa región china estaba bajo ocupacion japonesa. Su padre era un hombre influyente, miembro de una sociedad llamada Armonía, que supervisaba y cooperaba con las labores del gobierno de ocupación. Practicaba Kendo, Judo, Sumo. La tensión política de esa zona lo obligaba a estar preparado para todo. Fue una misión de diez años. Luego el hombre fue repatriado a su ciudad natal. Varios años después, cuando Fujita debía viajar a Tokio para estudiar en la universidad, su padre le hizo un encargo: debía presentar sus saludos a un maestro llamado Morihei Ueshiba. Fue la primera vez que supo de ese nombre y lo que representaba. Su responsabilidad fue tan alta que dedico siete meses a prepararse para el encuentro. Hasta entonces nunca había visto a nadie practicar el Aikido, pero le basto tener al frente a su fundador para saber que estaba ante un hombre excepcional. Cuando se lo han preguntado, siempre ha dicho que no entró a esta práctica por deseo de su padre, sino por convicción propia. “Pude recibir las enseñanzas de O Sensei a la manera de antes, en que un alumno pasaba mucho tiempo con su maestro”, refiere ahora. Desde entonces Fujita escalo hasta obtener el octavo dan y se convirtió en uno de los pilares del Aikido, en el mundo, un hombre que escucho los secretos de la boca del fundador. “estudie economía y trabaje unos años para el gobierno, pero cuando la organización del aikido empezó a crecer me llamaron y acepte”, recuerda. Al dejar la administración publica, el ya había logrado que muchas oficinas del gobierno tuvieran un dojo, lugar donde se practica el Aikido. METODO FUJITA El talento puede ser imitado pero la pasión nunca. El sensei Fujita tiene dos hijos que alguna vez practicaron el Aikido, “luego hicieron sus vidas aunque de vez en cuando entrenan”. Ueshiba tuvo más suerte. Su hijo Kisshomaru tomo el mando a su muerte e inicio un periodo de apertura que facilito la expansión del Aikido. Ciertos estilos son tan diferentes que los alumnos pueden confundir la esencia si pasan de un maestro a otro. Los seguidores de Masatake Fujita pueden hablar del suyo como el método Fujita. Durante años el hombre investigo las posturas originales de combate. Ocurre, que algunas artes marciales como el Kendo, han variado estas posiciones para facilitar la calificación de los jueces en las competencias. En otros casos, los alumnos reciben instrucción incompleta que se saltean los principios como los del movimiento del cuerpo, para acelerar el aprendizaje. Fujita los ha rescatado y pone especial énfasis en enseñarlo a sus alumnos. Hace unos días, un grupo de alumnos peruanos recibió aprendizajes de este tipo. Uno de los más interesantes provino de su teoría sobre el movimiento circular. Fujita les mostró una serie de movimientos elípticos para recibir un ataque: en lugar de oponer resistencia, bastaba levantar un brazo de cierta forma y desplazar suavemente el cuerpo para que la propia fuerza del agresor lo llevara al suelo. Uno de sus escritos lo explica así: este movimiento es la manera de la “no confrontación”. El Aikido transforma la fuerza y la hace circular. Para eliminar la necesidad de lastimar o matar a la otra persona, este movimiento es necesario. No basta con vencer al adversario, hay que asegurarse de que su caída sea lo menos lastimosa posible. Por momentos, Fujita mostraba los puntos débiles que esta técnica permitía encontrar en el atacante: cuello, cara, abdomen, nuca. Un guerrero perverso podría usarlos para dejar fuera a su adversario. O para aniquilarlo. Un practicante de Aikido no se lo permite. Por fortuna, dice el sensei, hasta ahora no tuvo un alumno que usara sus conocimientos para el mal. “El Aikido no es un simple arte marcial. Es una vía, hacia la armonía de ser con Dios y la naturaleza. Sirve como una introducción del espíritu japonés por todo el mundo. El principio del espíritu japonés, el verdadero corazón japonés, es la armonía”, ha escrito Masatake Fujita, un guerrero que no mata, un maestro del combate inofensivo. Nadie lo verá en películas porque dice la verdad.
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