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EL AIKIDO
Por Sensei
Consuelo
Aikido es vivir en armonía a cada instante de nuestra
existencia, es alcanzar el perfeccionamiento de la técnica a través del conocimiento de
nosotros mismos y la naturaleza, es unirse con el universo. Aikido es encontrar los tres
centros de energía del ser:
El Sai Katana, el Ki del
centro, desarrolla la potencia física y deja ver la voluntad del hombre.
El Shutanden, el Ki del corazón, lo constituyen las
emociones que se manifiestan con nuestros sentimientos.
El Jotanden, el Ki de la mente, lo integran las
reacciones que transforman nuestro sistema fisiológico y aseguran que nuestra salud pueda
estar en buen estado.
Uniendo estos tres centros sentimos que la esencia de
nuestra existencia es la energía que fluye por nuestro cuerpo y se extiende a través de
nuestros movimientos hasta unificarse con la naturaleza y el universo a cuyos elementos
está conectada:
El Ku no Ki, la energía del aire, es
nuestro sistema respiratorio y representa al vacío, al espacio, a la unión consigo mismo
y al encuentro con lo supremo.
El Mizu no Ki, la energía del agua, es nuestro sistema circulatorio que,
con la potencia de la respiración, se constituye en la energía de los pulmones y del
corazón.
El Tsushi no Ki, la energía de la tierra, se produce a través del
proceso de nutrición, de la luz solar, del agua y del sistema digestivo; se encarga de
transformar la energía en movimiento.
El Hi no Ki, la energía del fuego, es la oleada de energía que, a
través de nuestras emociones, controla la intuición y la clarividencia del conciente y
del subconsciente.
Gracias a estos principios, el hombre podrá encontrar la
unión con el universo.
Al entrenarnos en el dojo, desarrollamos los cuatro principios de las técnicas del
Aikido: - Centro - Extensión - Desplazamiento - Respiración - y encontramos la fluidez
de la energía en nuestros movimientos, al mismo tiempo que de nuestro ser brota el amor
para unificarnos con nosotros mismos y reconciliarnos con los demás; para vivir en
armonía con la naturaleza y permitir, así, que el universo fluya en nosotros.
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